lunes, 18 de abril de 2011

Preciosa historia

Estimadas/os amigas/os:

Quería compartir con vosotros esta bonita historia de lucha, superación y éxito de la que acabo de tener conocimiento, para darnos moral y animarnos, y que comparte cierto paralelismo con situaciones que se dan en la actualidad en pleno Siglo XXI. Se trata de la historia de Emmy Noether, una de las mujeres más inteligentes y más importantes del Siglo XX.

Hija de un matemático de origen judío, nació en 1882 en una pequeña ciudad alemana. Durante sus primeros años recibió una educación similar a la de tantas mujeres de la época: clases de cocina, de limpieza de la casa, de piano, etc, pero a los 18 años decidió que quería dedicarse a las matemáticas como su padre, así que solicitó matricularse en la Universidad de Erlangen. Pero las normas vigentes en la Universidad en 1900 prohibían a las mujeres matricularse como alumnos de pleno derecho así que, a Emmy solo se le permitió asistir a las clases en calidad de oyente, y siempre que autorizara su presencia el profesor de cada asignatura concreta. A pesar de las dificultades, Emmy consiguió graduarse en 1903 y cuatro años mas tarde obtuvo su doctorado en matemáticas.

Emmy quería dedicarse a la docencia y la investigación, así que solicito un puesto de profesor de matemáticas en la Universidad pero el puesto le fue negado de nuevo por ser mujer aunque, gracias a la insistencia de su padre, se le permitió trabajar en el instituto matemático de la Universidad, sin contrato ni sueldo durante 7 años (desde 1908 hasta 1915). De aquella época datan sus primeros artículos de investigación. En 1915, el famoso matemático David Hilbert intento contratarla como ayudante suyo en la Universidad de Göttingen, pero la propuesta de Hilbert tropezó con la rotunda oposición de los miembros de las Facultades de Filología y de Historia que se negaban a que la Universidad contratara a una mujer. Emmy de todos modos aceptó trasladarse a Göttingen con Hilbert y durante 3 años más continuó trabajando sin contrato y sin  sueldo. Se le permitía dar clases a los alumnos, pero siempre en nombre de Hilbert y no en su propio nombre. Fue en esos tres primeros años de su estancia en Göttingen cuando Emmy, que continuaba viviendo del dinero que su padre le hacia llegar, obtuvo algunos de sus resultados más deslumbrantes, entre ellos el que hoy es conocido como el teorema de Noether, uno de los teoremas matemáticos mas hermosos de la Historia y que tiene una aplicación fundamental en la física moderna y en especial en la física de particulas subatómicas. Únicamente gracias a la intercesión de David Hilbert y del propio Albert Einstein, se autorizó por fin a Emmy en 1919 a dar clases en su propio nombre aunque todavía sin sueldo y a presentarse a las oposiciones para Profesora Titular de la Universidad. 3 años mas tarde en 1922 conseguía por fin que le asignaran una plaza de profesor aunque, otra vez por su condición de  mujer, se le negó la plaza de Profesor Titular y se le asignó otra de profesor auxiliar de carácter extraordinario y sin sueldo.

Todavía tendría que transcurrir un año más para que se le asignara un sueldo reducido. Durante toda la década de 1920, Emmy continuó realizando numerosos descubrimientos matemáticos y a su alrededor se juntó un nutrido y fiel grupo de alumnos algunos de los cuales acudían desde el extranjero para estudiar con ella atraídos por su fama. El reconocimiento oficial le llegaría por fin en 1932 cuando la Universidad de Leipzig le concedió uno de los mas prestigiosos galardones matemáticos de la época el premio Ackermann-Teubner. Ese mismo año Emmy tuvo una destacada participación en el Congreso Internacional de Matemáticas celebrado en Zurich.

Pero cuando Emmy estaba en la cúspide de su carrera, ésta resultó repentinamente truncada por el ascenso al poder de los Nazis  A Emmy le toco vivir las manifestaciones de alumnos exigiendo por ejemplo unas “matemáticas arias” para los arios. En 1933 todos los profesores de origen judío como Emmy fueron expulsados de la universidad. Emmy se vio forzada ese mismo año a trasladarse a EEUU donde le ofrecieron un puesto de profesor en la Universidad de Pensylvania. Allí pudo por primera vez empezar a ocuparse de las matemáticas en un entorno libre de prejuicios contra las mujeres y contra los judíos, y entonces en abril de 1935 cuando parecía que todos los problemas habían quedado atrás, tuvo que ser intervenida quirúrgicamente de un tumor en un ovario muriendo pocos días después por las complicaciones derivadas de la operación.

Emmy consiguió demostrar dos teoremas esenciales para la teoría de la relatividad que permitieron resolver el problema de la conservación de la energía. Su aportación más importante a la investigación matemática fueron sus resultados sobre la axiomatización y el desarrollo de la teoría algebraica de anillos, módulos, ideales, grupos con operadores, etc. En este contexto, que se llamó álgebra moderna, aplicó sus conocimientos sobre invariantes dando rigor y generalidad a la geometría algebraica. El calificativo noetheriano se utiliza para designar muchos conceptos en álgebra. Los anillos noetherianos recibieron este nombre en su honor, ya que fue ella la que introdujo la condición de cadena ascendente , pero también se habla de grupos noetherianos, módulos noetherianos, espacios topológicos noetherianos, etc. Sus investigaciones crearon un cuerpo de principios que unificaron el álgebra, la geometría, la topología y la lógica.

La de Emmy es una historia llena de adversidades, pero sin embargo no es una historia trágica porque se trata de una historia de lucha, de superación y de éxito. A pesar de los pesares, Emmy logro ver cumplido su sueño: Siendo mujer y judía, llego a obtener un reconocimiento internacional venciendo las reticencias de aquel mundo académico machista y antisemita de la Alemania del siglo XX, y dedicándose a esas matemáticas a las que amaba consiguió que su genialidad fuera ampliamente reconocida por la comunidad matemática, siendo alabado su talento por ilustres científicos como Hilbert, H. Weyl, Einstein, Alexandroff, Van der Waerden, Jacobson, etc, y que su nombre pasara a la eternidad como uno de los más grandes matemáticos de toda la Historia, y desde luego, como la mujer mas importante en toda la historia de las matemáticas. Actualmente, muchas personas por todo el mundo continúan su trabajo en álgebra. No obstante, durante los casi treinta años que estuvo dedicada a la enseñanza y a la investigación a duras penas consiguió un salario digno para su trabajo por el mero hecho de ser mujer.

A veces, cuando miramos alrededor, percibimos que todo son problemas, todo son obstaculos, que los muros que hay que derribar son demasiado altos y demasiado solidos para nuestras escasas fuerzas y en esos casos uno siente la tentación de cuestionarse para qué tanto esfuerzo. Pero la historia de Emmy Noether enseña que ningún fracaso es una derrota si no se decide tirar la toalla y que quien tenga una ambición o quiera cambiar el mundo puede hacerlo. Basta con perseguir el objetivo sin descanso, sin importar los obstaculos, las incomprensiones y los reveses parciales. Siendo mujer y judía, Emmy Noether hubiera tenido muy fácil encontrar excusas para rendirse, pero decidió que las matemáticas eran el amor de su vida y a partir de ahí consiguió convertir cada adversidad en un paso mas hacia la gloria. Cada vez que una nueva dificultad le surgía en el camino, ella supo aplicar la única receta infalible para el éxito ante la cual todos los obstáculos desaparecen. Esa receta que consiste en una sola cosa: cada vez que esa vocecita interior te conmina a rendirte, tan solo tienes que responder: “no me da la gana, me niego a resignarme” y gracias a eso Emmy sigue viviendo hoy  en las teorías que desarrolló y en los teoremas que llevan su nombre.

Es curioso que en la actualidad todavía siguen ocurriendo situaciones de discriminación como la que sufrió Emmy por el mero hecho de ser mujer aunque, eso sí, mucho más sutiles, y disfrazadas de igualdad. Todavía la mujer sigue teniendo ese techo invisible de cristal, por su excesiva vinculación al cuidado de los hijos. Por otro lado, al principio os comentaba que se puede establecer paralelismos con las situaciones de discriminación que sufren los padres varones a los que, a pesar de que Profesionales de Prestigio Internacional como Michael Lamb, Director de la Sección de Desarrollo Emocional de los Institutos Nacionales de la Salud de EEUU haya dicho: “Con la excepción de la lactancia, no hay pruebas de que las mujeres estén biológicamente predispuestas a ser mejores que los hombres en el cuidado de los hijos”, la Sociedad les niega una y otra vez el poder cuidar a sus hijos en igualdad de condiciones con las madres, simplemente por el mero hecho de ser hombres. Al igual que le pasaba a Emmy, que se partía del prejuicio de que por ser mujer no podía dedicarse a las Matemáticas, se parte del prejuicio de que por ser hombre no puede cuidar a sus hijos. Como se decía más arriba ningún fracaso es una derrota si no se decide tirar la toalla y que quien tenga una ambición o quiera cambiar el mundo puede hacerlo. Tenemos en nuestra mano la posibilidad de contribuir significativamente a este cambio necesario de la sociedad, o al menos a intentarlo. No debemos dejar de intentarlo, por la felicidad de nuestra Sociedad.

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